lunes, 21 de mayo de 2007

BOOM SOJERO

A veces, cuando compro el diario, pispeo de reojo el suplemento agropecuario que suelen traer algunos. No entiendo demasiado de granos y vacas pero los titulares te hablan de récords de cosechas y rindes inmejorables.
Hace poco viajé a la provincia de Córdoba a reencontrarme con unos amigos y pude comprobar el famoso boom sojero en la región, y sus consecuencias, que pueden ser terribles para algunos.
Si pasan por un pueblo cercano a Río Tercero, llamado Tancacha, podrán ver unos extraños arcos de caño ubicados en las esquinas. Los lugareños me dijeron que es para que no entren camiones cargados al interior de la localidad , ya que esos caños les impiden pasar por la altura. La verdad que no me convencieron y salí por las calles con ganas de investigar. Después de caminar unas pocas cuadras me encontré con el Bar Santa. Entré y me senté con dos parroquianos al lado de la ventana. Fueron necesarios sólo dos tintos para averiguar que la verdadera razón de la existencia de esos arcos era otra.
Es que el ánimo de lucro ha llevado a que siembren todo terreno libre disponible con soja, incluso las canchitas de fútbol y los potreros!!!
La protesta del sector infantil de la población fué creciendo, y de estar enojados en una esquina pasaron a numerosas manifestaciones de niños con sus pelotas dispuestos a romper vidrios y ventanas de la Intendencia.
Se armó un comité de crisis donde estuvieron el intendente, el cura párroco y el jefe de los boys scout que andaba más que preocupado tras perder la voz de mando.
La negociación llevó unas cuantas tardes sin leche y los más pequeños impusieron la colocación de estos arcos en cada esquina, transformando al pueblo en una canchita, en cada cuadra.
Me hicieron saber que ahora se estarían por designar a varias cuadras como peatonales, para no tener que estar parando los partidos cada vez que pasa un auto.
No vaya a ser que vuelvan las protestas en medio de la campaña electoral.

lunes, 2 de abril de 2007

EN EL 145

La vuelta a casa desde el laburo se puede volver muy aburrida si tomás el mismo colectivo, en la misma esquina, a la misma hora, todos los días.
Yo venía ocupando un asiento en la fila de a dos. Un poco cansado por el trabajo, otro porque no había dormido bien.
Las noches se estaban poniendo muy calurosas y me costaba descansar tranquilo.
Creo que me había dormitado cuando escuché la voz del anciano . Se había levantado y le preguntaba al chofer si la calle Maipú estaba cerca. Lo miré y me llamó la atención que no estaba agarrado de ningún lado. -En cualquier momento se pega un golpe,- pensé.
Cerré los ojos para intentar dormirme otro ratito. Faltaban como 15 minutos para llegar a casa.
La frenada me sobresaltó y el cabeceo que pegué terminó por despertarme.
El viejito salió disparado hacia adelante y golpeó la cabeza con la máquina de las monedas. Trastabilló dos o tres segundos hasta que cayó sentado.
No estaba mal, sólo aturdido.
Atrás mío escuche a dos pibas riéndose bajito y cuchicheando algo que no entendí.
Me dí vuelta como para decirles algo y ahí me di cuenta del motivo de sus risas.
Una dentadura postiza nos miraba, desafiante a que la levantaran, desde el medio del pasillo.

miércoles, 28 de marzo de 2007

JAMES DEAN, el mártir sin causa


El 30 de setiembre de 2005 se cumplieron 50 años de la muerte de James Dean, un actor que supo erigir a lo largo de su corta vida, lo que podríamos definir como el arquetipo de muchacho rebelde enfrentado a los esquemas de la sociedad en que le tocó vivir.
Enclavada en plena década del ’50, su imagen de rebeldía adolescente llegó acompañada de otro gran movimiento revolucionario de la época, el rock and roll. Así, asociada a música, autos y chicas, esta imagen se convirtió rápidamente en objeto de culto para miles de jóvenes americanos que veían en él, al abanderado de la lucha contra el “american way of live” de posguerra.
La disconformidad había ganado su terreno, y la búsqueda de nuevas sensaciones que sean afines a los sentimientos de rebeldía, provocó que, tanto los nuevos sonidos –manifestados en el rock-, como así también actores catalogados “juveniles” como Dean, ocuparan el lugar que habían dejado vacío los viejos conceptos.Repasando su filmografía, -escasa, por cierto-, observamos que, paradójicamente, sus personajes nunca pasan de una rebeldía personalizada, pobre en ideologías, y sin metas sociales que lleguen a guiar a sus compañeros de generación. Dean encarna así, a personajes que teniendo un gran potencial de lucha y de cambio de esquemas conservadores, terminan contentándose con haber armado un par de buenos líos, y dejar las cosas más o menos como estaban.
En “Al este del Edén” (filmada en 1954), comienza peléandose con medio pueblo buscando a su madre, manda a su hermano a una muerte casi segura en la guerra, pero es redimido en las secuencias finales cuando queda en su hogar, cuidando a su padre, víctima de un infarto que él mismo le ha provocado.
En “Rebelde sin causa” (1955), -su película más famosa y que lo elevó a su breve estrellato-, lo vemos con el liderazgo ahí, al alcance de la mano. Con su rival de pandilla muerto en la famosa escena de la carrera de autos en el barranco, y contando ya con dos seguidores (interpretados por Natalie Wood y Sal Mineo, ambos nominados al Oscar), - tan rebeldes como él-, decide retirarse cuando la cosa se pone espesa, regresando a su casa, y casi sin inmutarse, después que la policía ha matado a uno de sus compinches. Después del sofocón, todo volvía a la normalidad.
En su último film, “Gigante” (1955), -estrenado después de su muerte-, Dean interpreta a un muchacho pobre que ha sido criado en el seno de una poderosa familia de Texas. Su odio hacia todos es obvio y evidente hasta que la casualidad le permite descubrir petróleo en la pequeña franja de tierra que ha heredado. Su poderío económico lo llevará a encarnar –y a sobrepasar aún más- todo lo que ha despreciado en los primeros minutos de rodaje.
Con estos nada favorables antecedentes de antología, es lógico que lleguemos a preguntarnos, no sin un poco de confusión, ¿Qué es lo que perdura aún de este actor? ¿Qué es lo que ha llevado a que su figura alcance toques de misticismo, llegando hasta nuestros días?
Escuchemos a quienes lo conocieron.Nicholas Ray, -su director en Rebelde...-, solía decir: “...James era una persona fresca, sincera, la pantalla lo reflejaba tal como era. Recuerdo que cuando culminó el rodaje no sabíamos qué hacer. Nos habíamos acostumbrado tanto el uno al otro, que el último día nos despedimos, él subió a su moto, yo a mi auto, y al llegar al primer semáforo decidimos ir a un restaurant abierto toda la noche y desayunamos. No podíamos admitir que todo había acabado.”
“Dean fue un gran amigo. Él me ayudó a que redefina mi postura actoral. Yo había dejado de ser la niña prodigio de la compañía, y al alcanzar la adolescencia no encajaba en ningún film. Junto a él pude tomar otra actitud” (Natalie Wood).
Si los recuerdos de Hollywood nos lo presentan como un buen tipo, los recuerdos colectivos hacen hincapié en su esfuerzo por saltarse de los límites opresivos de su generación anterior. Si lo pudo lograr o no, es un misterio que la historia se empecina en no revelarnos.
Ni en sus películas, -como hemos analizado-, ni en su vida real, ya que los encantos hollywoodenses de flashes y fama fueron muy tentadores para él.
Aún así, la memoria colectiva le ha reservado un lugar preciado junto a personajes tan disímiles como Gandhi o el Che, en que lo único que los emparenta es haber sido consecuentes con lo que predicaban, y no haber caído en la traición de sus propios principios.
¿Habría llegado tan lejos James Dean? ¿Hubiese seguido su lucha en contra de los sagrados valores de su sociedad hasta el final?Nunca lo sabremos.
Su prematura muerte a los 24 años de edad, en un accidente automovilístico propio de cualquiera de sus films, nos restó la posibilidad de ser observadores de la evolución de su persona.Pero es esa misma muerte la que nos permite mantener su imagen intacta, la de aquél joven que luchaba ante todo y ante todos, tratando de ganar su propio espacio, que supo trascender, y que llegó a convertirse –sin siquiera darse cuenta- en el mártir de sus sucesivas generaciones.
Un mártir sin causa.

lunes, 19 de marzo de 2007

SIETE MENOS DIEZ (cuento)


Sentado en una de las mesas del coche comedor, intento acomodarme mejor, como quien se dispone a esperar un rato. El tren, presumo, es el que llaman Rayo de Sol, proveniente de Retiro, Rosario e intermedias (así lo anuncian los altoparlantes) , recién llegadito a Córdoba.
-Tomá! Es un helado, -me dice Simón mientras me alcanza una bolsita por la ventanilla- lo dejaron por la mitad.
Abro la tapita de telgopor y se corporiza una cucharita plástica en mi mano derecha mientras miro que el helado comenzó a derretirse. Parece de vainilla.
Una puerta del vagón se abre y aparecen sorpresiva, intempestuosamente, dos hombres y una mujer.
La puerta se golpea y es inevitable levantar la cabeza. Los miro con desconfianza. No me gustan.
Se detienen junto a mí y atino a meter la cámara de fotos entre mis piernas. Guardo los cien pesos que tenía sobre la mesa en el bolsillo derecho del pantalón.La cámara es prestada; bueno, en realidad es de mi mujer, pero he aprendido a cuidar sus cosas como si no formaran parte de la sociedad conyugal y a devolvérselas tal como me las presta.
La morocha, de unos treinta y pico, pelo a los hombros y no demasiado fea, se sienta sobre mi mesa dándome la espalda y simula ignorarme. Los hombres están parados alrededor de ella como si charlaran despreocupados. Nadie dice nada pero la tensión va en aumento y se nota.
Miro por la ventana y la estación, esa, que rebalsaba de pasajeros hace sólo unos minutos, aparece desolada, abandonada, árida, justo cuando más estoy necesitando de cualquiera que pase por acá.
Decido moverme y huir.
Son tres, y yo uno.

Los hombres se ven rudos y ásperos, y yo nunca me he peleado con nadie.

Ellos son ellos y yo soy yo. Puro instinto de supervivencia.
Decido moverme, pero nunca llego a hacerlo.
De un salto, el más jóven de los dos queda parado junto a mí. No he podido despegarme de la silla cuando me está presionando en la cara, al lado de la nariz, con un objeto acerado.
-Largá todo!!, -me grita, y siento como una mano, (no sabría decir de quién) me saca la cámara que habia intentado que pasara desapercibida a la vista.
Me traspasa una descarga eléctrica que me hace doler el rostro y estremecer todo el cuerpo.
Meto la mano en el bolsillo y tiro el billete sobre la mesa, mientras me avergüenzo por ese acto cobarde de entregar todo sin luchar.
-Largá todo, te dije, boludo!!, -me grita de nuevo, mientras me picanea la cara por segunda vez.
Pero ahora, tratando de esquivar la descarga, veo de reojo que lo que yo creía que era una picana parece una llave de auto, de esas que tienen el plástico negro y el botón para la alarma en un lado.
-¿Cómo que me picanea con una llave???, -alcanzo a pensar en medio del dolor.
El descontrol de la situación no me deja razonar con claridad.

Algo no encaja en la escena.

Causa y efecto no tienen relación.
-¡Una llave no puede dar corriente!!!, -les grito tan fuerte como puedo.



Me desperté a las siete menos diez, faltaba ese ratito para la hora de siempre.
El sobresalto debe haber sido importante porqué escuché a mi mujer que preguntaba qué estaba pasando desde su almohada.
-Nada, -mentí ocultando mi miedo que empezaba a disiparse- me voy a trabajar.
Llovía, y el cielo estaba muy oscuro, como si la noche todavía continuara. Miré el reloj para confirmar si era hora de levantarme.
Llovía, y como me pasa cada vez que llueve, recordé que todavía no había comprado un paraguas.

domingo, 25 de febrero de 2007

EL SUDOR DE LA FRENTE (cuentito breve y conciso)

Las gotitas caían por la cara sin detenerse en las cejas. La tarde del domingo fué de las más calurosas de ese verano.
Había estado leyendo el diario toda la siesta, tirado en el suelo, para aprovechar la frescura del piso.
Los movimientos en la casa eran escasos, aplastados por la temperatura de esa hora.
Repasó los proyectos postergados durante el año anterior y se dijo que en este los concretaría.
-Mañana, lunes, empiezo a moverme, se dijo.
No volvería a dejar en suspenso el tema de la empresa, ni de la búsqueda de la gente necesaria para encarar su idea de cambiar la vida de esa gente que lo necesitaba, o que él creía que lo necesitaba.
Acción, esa es la palabra clave! , se incentivó a si mismo.
Dió vuelta la página y apareció la sección de espectáculos.
-A ver que película están dando?? pensó, y fué lo último antes de quedar dormido.

jueves, 22 de febrero de 2007

Buscando la memoria de Barrio Belgrano


Empecé una investigación acerca de los hechos que ocurrieron durante la dictadura militar en el Barrio Belgrano de nuestra queridisima ciudad de Rosario.

A partir de encontrar en el listado de las víctimas del terrorismo de estado, que aparece en la última parte del Nunca Más, descubrí que había ocurrido un enfrentamiento entre Montoneros y militares a 5 cuadras de mi casa en 1977.

¿Quienes eran los jóvenes militantes que murieron ahí?¿Estudiaban, eran del barrio?¿Qué ideales defendían?

Esos y otros interrogantes me llevaron a iniciar una búsqueda para saber qué pasaba alrededor de mi casa, mientras yo disfrutaba de mi niñez e iba a la escuela 91, República Fed. del Brasil.

Así me voy enterando que una bomba puesta en un baño del Club Nueva Era mató a una chica de 15 años que justo pasaba por la vereda.

Que los militares le tienden una trampa a Mario Urquizo en Colombia y Córdoba, que se dá a la fuga a la carrera y muere acribillado en Córdoba y Perú.

Y que en Perú 1450 había una imprenta clandestina.

A 30 años de todo aquello quedan muchas más historias por descubrir.

Seguiré buscando para poder dar con la verdad histórica, esa misma, que nos hiere y nos condiciona, para poder seguir construyendo, aunque sea una parte, de la historia del Barrio Belgrano

martes, 13 de febrero de 2007

Si no tenés un mail, no existís!!

Mi experiencia en Internet comenzó haciéndome un correo electrónico, el cual uso para trabajar, comunicarme con amigos, contestar encuestas, cadenas, tonterías, cursos y mucho más.
Recuerdo que cuando comencé con esto en mi trabajo me miraban como raro, como de qué me la creía, y a qué iba a un ciber a perder tiempo, y a chatear, mientras ellos iban al bingo.
La verdad es que ellos se crearon un vicio y se enfermaron con el bingo.
Y yo comencé a investigar, cosa que me encanta y sigo haciendo en Internet.
He dejado bastante de chatear, casi no lo hago. Para mí, si no tenés un mail no existís en este mundo loco. ç
Mis compañeros de trabajo obviamente entraron en Internet, hubo quien consiguió pareja, que le dejó un mal trago después.
Otra tiene un gran vicio en el chat.
Y uno que es gay se hace pasar por mujer y es increíble lo que le escriben…
Otra hasta consiguió ponerle cuernos a su marido!!!
Y yo sigo igual, lo he adquirido como una herramienta de trabajo y parte de mi vida, que me ayuda a vincularme con el resto de las personas y a entretenerme.

Sandra